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Vacunas de ARNm: 30 Años de Ciencia Ignorada, de la COVID a la Vacuna contra el Cáncer

En 1995, la Universidad de Pensilvania degradó a Katalin Karikó por empeñarse en el ARN mensajero. Veinticinco años después, esa molécula frenó una pandemia y ahora reduce un 42 % las recaídas del melanoma en un ensayo de fase 3. ¿Será el cáncer su segunda gran validación o una promesa todavía por demostrar?

Una bioquímica degradada, una fotocopiadora y una molécula que nadie quería financiar. Hoy, esa molécula afronta su segunda gran prueba: el cáncer.


1. Introducción

Una mañana de finales de los años noventa, en un pasillo de la Universidad de Pensilvania, dos investigadores esperaban turno en la fotocopiadora. Drew Weissman, un inmunólogo recién llegado, quería hacer vacunas. Katalin Karikó, una bioquímica húngara, le contó a qué dedicaba su vida: al ARN mensajero, una molécula que casi nadie quería financiar. «Siempre había querido probar el ARNm», recordaría Weissman.

La escena tiene algo de ironía. El ARN mensajero (ARNm, o mRNA por sus siglas en inglés) funciona justamente como una fotocopia. Es una copia temporal de las instrucciones de un gen, que la célula usa y después destruye. Dos décadas después de aquella conversación, esa fotocopia molecular llegó a cientos de millones de brazos como vacuna contra la COVID-19. En 2023 les valió a ambos el Nobel de Medicina.

La historia no termina ahí. El 19 de agosto de 2026, Moderna y Merck anunciaron que su vacuna personalizada de ARNm contra el melanoma había superado una fase 3. Es la última etapa de ensayos antes de pedir la aprobación. En octubre llegaron las cifras: un 42 % menos de riesgo de recaída o muerte.

Este artículo recorre los treinta años en que el ARNm fue una apuesta perdedora. Explica por qué la pandemia lo validó de golpe. Y se pregunta si el cáncer será su segunda validación o una promesa todavía por demostrar.


2. Orígenes

El Mundo Antes

En mayo de 1961, dos artículos en la revista Nature describieron una molécula escurridiza. Sydney Brenner, François Jacob y Matthew Meselson, en el Instituto Tecnológico de California (Caltech), y el equipo de François Gros en Harvard demostraron que existía un intermediario inestable. Llevaba las instrucciones del ADN a los ribosomas, las fábricas de proteínas de la célula. Según el Institut Pasteur, el experimento solo funcionó cuando subieron la concentración de magnesio del cultivo.

Durante casi tres décadas, el ARNm fue objeto de estudio, no herramienta. En 1987, Robert Malone, estudiante en el Salk Institute, mezcló ARNm con gotas de grasa y vio que células humanas lo absorbían y fabricaban la proteína. En 1990, el grupo de Jon Wolff lo consiguió en músculo de ratón. Parecía el inicio de algo, según reconstruye la periodista Elie Dolgin en Nature (2021).

No lo fue. El ARNm se degradaba en minutos, era caro de producir y provocaba inflamación. La inversión se desvió hacia el ADN y los virus modificados.

El Momento del Descubrimiento

Katalin Karikó nació en 1955 en Szolnok, Hungría, y se doctoró en bioquímica en Szeged en 1982. En 1985 su laboratorio perdió la financiación. Emigró a Estados Unidos con su marido, Béla Francia, y su hija Susan, de dos años. Según su propio relato, llevaban los ahorros de la venta del coche, unos 1.000 dólares, cosidos dentro de un osito de peluche.

En 1989 llegó a la Universidad de Pensilvania (Penn), en Filadelfia, para trabajar con ARNm. En 1990 pidió su primera beca para usarlo como tratamiento; se la rechazaron, como las siguientes. En 1995, la universidad le dio a elegir: marcharse o aceptar una degradación, fuera de la carrera hacia una plaza fija y con menos sueldo. Se quedó. «Cuando me degradaron no perdí el tiempo preguntándome «¿por qué a mí?»», contó a Times Higher Education en 2023.

Hacia 1997-1998 llegó el encuentro en la fotocopiadora. Weissman se había formado en la Universidad de Boston y en los Institutos Nacionales de Salud (NIH) con Anthony Fauci. Pronto chocaron con el problema de fondo: al inyectar el ARNm sintético en ratones, el sistema inmunitario respondía con una inflamación dañina. «Kati se deprimió», recordó Weissman en la revista de su universidad: no se puede tratar a nadie con algo que le enferma.

La pista salió de una comparación. El ARN que fabrican las propias células lleva algunas «letras» químicamente retocadas y no dispara alarmas. ¿Y si el ARNm sintético llevara los mismos retoques? En 2005 lo publicaron en la revista Immunity: al sustituir la uridina, una de las cuatro «letras» del ARN, por una variante natural llamada pseudouridina, la inflamación casi desaparecía. Nature había rechazado el trabajo sin enviarlo siquiera a revisión.

«Le dije a Kati: nuestros teléfonos van a sonar sin parar», recordó Weissman. «No pasó nada. No recibimos ni una llamada».

La Innovación Técnica

Una vacuna de ARNm tiene tres piezas. La primera es el mensaje: la receta de una proteína del virus, escrita en ARNm sintético. No hace falta cultivar el virus; basta con conocer su secuencia genética.

La segunda es el retoque de Karikó y Weissman. La pseudouridina actúa como un disfraz: deja pasar al mensajero por el control de seguridad del sistema inmunitario innato, la primera línea de defensa del cuerpo, sin activar la alarma. En 2008 comprobaron, además, que el ARNm retocado producía más proteína y duraba más.

La tercera pieza es el envoltorio: las nanopartículas lipídicas, burbujas microscópicas de grasa que protegen el ARNm y lo introducen en las células. Las perfeccionaron, entre otros, Pieter Cullis y sus colegas en Vancouver; el primer fármaco que las usó se aprobó en 2018. Un antiguo responsable científico de Moderna las llamó «el héroe olvidado» de toda la historia, según la revista C&EN (2021).

Las células leen la receta durante unos días, fabrican la proteína y el mensaje se degrada. No entra en el núcleo ni toca el ADN. Y hay una clave económica: el envoltorio y el proceso de fabricación son casi iguales para cualquier enfermedad. Solo cambia el texto de la receta.


3. Mejoras Generadas

Impacto Inmediato

Cuando llegó la pandemia, la plataforma estaba lista, aunque casi nadie lo sabía. La secuencia genética del SARS-CoV-2 se publicó el 10 de enero de 2020. En 24 horas, los NIH y Moderna tenían diseñada la proteína que usaría la vacuna. El 16 de marzo, 66 días después, un voluntario de Seattle recibió la primera dosis de prueba (Corbett et al., Nature, 2020).

Los resultados superaron lo que muchos esperaban. En un ensayo con más de 43.000 participantes, la vacuna de Pfizer y BioNTech mostró un 95 % de eficacia. Hubo 8 casos de COVID entre los vacunados frente a 162 en el grupo placebo (Polack et al., New England Journal of Medicine, 2020). La de Moderna alcanzó un 94,1 %. El Reino Unido autorizó la primera el 2 de diciembre de 2020; Estados Unidos, el 11 de diciembre.

El 8 de diciembre, en Coventry, la enfermera May Parsons vacunó a Margaret Keenan, de 90 años, la primera persona en recibirla fuera de un ensayo. El vial y la jeringa se conservan hoy en el Science Museum de Londres.

Un modelo publicado en The Lancet Infectious Diseases (Watson et al., 2022) estimó que las vacunas contra la COVID evitaron 14,4 millones de muertes en su primer año. Conviene matizar: la cifra incluye todas las vacunas, no solo las de ARNm.

Evolución a Largo Plazo

El 2 de octubre de 2023, Karikó y Weissman recibieron el Nobel de Fisiología o Medicina. Para entonces, la plataforma buscaba otros objetivos. Moderna tiene aprobada una vacuna de ARNm contra el virus respiratorio sincitial, y en junio de 2026 un comité asesor de la FDA tenía previsto revisar otra contra la gripe. Un análisis publicado en 2026 contó 325 ensayos clínicos con vacunas de ARNm hasta julio de 2025, con el cáncer como principal línea fuera de las infecciones.

Aquí está el giro que casi nadie recuerda: el cáncer no es un segundo uso. Es el primero. BioNTech nació en Maguncia (Alemania) en 2008, fundada por Uğur Şahin y Özlem Türeci para crear inmunoterapias personalizadas contra el cáncer. Moderna administró en 2017 la primera dosis humana de su vacuna oncológica, tres años antes de la pandemia. La COVID fue el desvío que financió el viaje.

La idea es imprimir un «cartel de se busca» para cada paciente. Se secuencia el tumor extirpado, se identifican sus mutaciones y se fabrica una vacuna con hasta 34 de esas señas. En un ensayo de fase 2b con 157 pacientes de melanoma, añadirla al tratamiento estándar redujo un 49 % el riesgo de recaída o muerte a cinco años.

El 19 de agosto de 2026, Moderna y Merck anunciaron que la fase 3, con 1.137 pacientes, había cumplido sus objetivos, sin dar cifras. Llegaron en octubre, en el congreso europeo de oncología (ESMO), en Madrid. A los dos años, el 82 % de quienes recibieron la vacuna junto al tratamiento estándar seguía sin recaída, frente al 70 % del grupo de control. Es un 42 % menos de riesgo de recaída o muerte. La investigadora principal, Georgina Long, habló de «un nuevo estándar» para el melanoma operado.

Las cifras tienen matices. El efecto es algo menor que en la fase 2b, aunque con menos tiempo de seguimiento. Y aún no se sabe si la vacuna alarga la vida: los datos de supervivencia son inmaduros. Además, el 17 % de los pacientes evaluados no pudo entrar en el ensayo porque su muestra de tumor no bastaba para fabricar la vacuna. Y analistas como los de RBC Capital Markets se preguntan si aportará más que la inmunoterapia antes de la cirugía, que podría lograr resultados parecidos a menor coste.

Hay más señales, todavía pequeñas. En el Memorial Sloan Kettering de Nueva York, una vacuna similar de BioNTech se probó en 16 pacientes con cáncer de páncreas. De los 8 que respondieron, 7 seguían vivos entre cuatro y seis años después de la cirugía, frente a 2 de los 8 que no respondieron.

Transformación Social

El ARNm creó empresas y fortunas en muy poco tiempo. Moderna salió a bolsa en diciembre de 2018 sin un solo producto aprobado. Pasada la pandemia, en 2025 ingresó 1.900 millones de dólares y perdió 2.800 millones: la demanda extraordinaria se había evaporado.

La paradoja más llamativa está en Penn. La universidad licenció la patente de Karikó y Weissman a una pequeña empresa, Cellscript, que la sublicenció a Moderna y BioNTech. Según The Philadelphia Inquirer, solo en 2021 y 2022 Penn pudo ingresar hasta 1.700 millones de dólares por regalías y licencias. La institución que degradó a Karikó cobró más de mil millones por el trabajo de ella y de Weissman.

Ella se había ido en 2013 a BioNTech, a los 58 años. «Me echaron de Penn y me obligaron a jubilarme», resumió. Su historia se ha convertido en un espejo incómodo de la financiación científica. «Hay un «centro» donde están el dinero y la fama», dijo al Chronicle of Higher Education. «Y luego está la gente de la periferia».


4. Voces Críticas

Críticos Contemporáneos

Los evaluadores que rechazaron las becas de Karikó en los noventa no eran necesariamente miopes. El ARNm era inestable, inflamatorio y caro, y las primeras promesas no se habían cumplido. Con los datos de entonces, apostar por el ADN o por los virus modificados era razonable. La crítica de fondo es otra: un sistema que exige resultados rápidos castiga los proyectos lentos.

La velocidad de 2020 despertó otra desconfianza: «demasiado rápido para ser seguro». Parte de ella se apoyaba en un riesgo real. Las vacunas de ARNm pueden causar miocarditis, una inflamación del músculo del corazón. Es poco frecuente y afecta sobre todo a varones jóvenes tras la segunda dosis.

Un estudio de los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) de 2022 lo cuantificó. En varones de 12 a 17 años, el riesgo cardíaco tras la vacuna era real, pero tras la infección era entre 1,8 y 5,6 veces mayor. Reconocer un riesgo y compararlo con la alternativa no son posturas opuestas.

Acceso, Patentes y Política

La crítica más dura llegó desde la salud global: el reparto fue muy desigual. Según Our World in Data, a principios de 2022 solo el 5,5 % de la población de los países de renta baja tenía la pauta completa, frente al 72 % en los de renta alta. El estudio de Watson calculó que alcanzar el objetivo de la OMS del 40 % de vacunados habría evitado otras 599.300 muertes.

A ello se suma una guerra de patentes. En marzo de 2026, Moderna aceptó pagar hasta 2.250 millones de dólares a Arbutus y Genevant por el uso de nanopartículas lipídicas. Siguen abiertos otros litigios entre los grandes fabricantes. Una tecnología nacida en buena parte de investigación pública se disputa hoy en los tribunales.

Consecuencias No Intencionadas

En algunos países, «ARNm» se ha convertido en una etiqueta política. En agosto de 2025, el Gobierno de Estados Unidos canceló 22 proyectos de vacunas de ARNm por unos 500 millones de dólares. Alegó que no protegen de forma eficaz contra las infecciones respiratorias; otros estudios lo discuten. Un antiguo director de la agencia que los financiaba lo llamó «una vulnerabilidad autoinfligida».

En oncología, el entusiasmo tiene precedentes amargos. Provenge, una vacuna personalizada contra el cáncer de próstata, salió al mercado en 2010 a 93.000 dólares por tratamiento. Al principio, su fabricación consumía el 77 % de los ingresos, y la empresa, Dendreon, quebró en 2014. Fabricar una vacuna distinta para cada paciente es caro y difícil de escalar. Los analistas describen la cartera oncológica de Moderna como una historia de «demuéstramelo».


5. Conclusiones

Balance Final

El balance de la primera validación es claro. Las vacunas de ARNm llegaron en tiempo récord y contribuyeron a salvar millones de vidas, con riesgos poco frecuentes y bien estudiados. Pero los beneficios no se repartieron por igual. Los países ricos se vacunaron primero; empresas y universidades capturaron el valor; y la científica que hizo posible el descubrimiento pasó años degradada.

La segunda validación, el cáncer, ha superado su primer examen serio: un beneficio claro en el melanoma, pero sin datos de supervivencia y con un modelo de negocio sin probar. Celebrarla como una cura sería repetir el error contrario al de los noventa.

Patrones Aplicables Hoy

Patrón 1: «Las tecnologías fundamentales a veces esperan décadas su aplicación decisiva»

  • Qué pasó: entre el descubrimiento (1961), la solución técnica (2005) y la validación masiva (2020) pasaron casi sesenta años. El ARNm necesitó que maduraran otras piezas, como las nanopartículas y la secuenciación rápida, y una emergencia que justificara el riesgo.
  • Dónde lo vemos: en los anticuerpos monoclonales. Georges Köhler y César Milstein los crearon en 1975 en Cambridge. El primero aprobado, en 1986, provocaba reacciones alérgicas por proceder de ratón. Hasta 1997 no llegó el rituximab, el primero contra el cáncer. Hoy un anticuerpo monoclonal, Keytruda, es el fármaco más vendido del mundo, y es precisamente el compañero de la vacuna de Moderna.

Patrón 2: «La primera validación no garantiza la segunda»

  • Qué pasó: la COVID validó la plataforma para vacunas contra virus, fabricadas en masa. El cáncer exige otra cosa: una vacuna por paciente, precios altos y beneficios que se miden en años.
  • Dónde lo vemos: Provenge demostró eficacia y aun así fracasó como negocio.

Aplicación práctica:

  • Si eres inversor: separa la validez de la plataforma, ya demostrada, de la del producto. La fase 3 confirmó el beneficio, pero el coste por paciente, la supervivencia y la comparación con alternativas más baratas pesarán más que el titular.
  • Si eres profesional de la salud: los pacientes preguntarán por la «vacuna del cáncer» antes de que esté aprobada. Conviene tener preparada una respuesta honesta: eficaz en un ensayo de melanoma, aún sin aprobar y sin datos de supervivencia.

6. Reflexión Final

Karikó pasó tres décadas con una idea que funcionaba antes de que el mundo tuviera un problema a su medida. Hoy esa idea afronta su segunda prueba.

  • Inversor: ¿estás pagando por la plataforma que ya demostró su valor o por un producto que aún debe demostrarlo? La fase 3 ya ha dado su cifra: ¿qué precio justifica un 42 % menos de recaídas si todavía no sabemos si alarga la vida?
  • Profesional de la salud: ¿quién es hoy la Karikó de tu hospital o tu universidad, con una línea de trabajo lenta y sin financiación que nadie mira? ¿Qué haría falta para que no tenga que irse?

Quizá la próxima aplicación decisiva ya esté guardada en algún cajón. La pregunta es si sabremos reconocerla antes de que llegue la emergencia que la haga evidente.


Fuentes Consultadas

Académicas

  1. Brenner, S.; Jacob, F.; Meselson, M. (1961). Nature 190: 576-581; Gros, F. et al. (1961). Nature 190: 581-585.
  2. Karikó, K. et al. (2005). «Suppression of RNA recognition by Toll-like receptors». Immunity 23: 165-175.
  3. Corbett, K. S. et al. (2020). «SARS-CoV-2 mRNA vaccine design enabled by prototype pathogen preparedness». Nature.
  4. Polack, F. P. et al. (2020). «Safety and Efficacy of the BNT162b2 mRNA Covid-19 Vaccine». NEJM.
  5. Watson, O. J. et al. (2022). «Global impact of the first year of COVID-19 vaccination». The Lancet Infectious Diseases.
  6. Block, J. P. et al. (2022). «Cardiac Complications After SARS-CoV-2 Infection and mRNA COVID-19 Vaccination». MMWR, CDC.
  7. Dolgin, E. (2021). «The tangled history of mRNA vaccines». Nature 597: 318-324.
  8. Liu, S. et al. (2026). «Global landscape of mRNA vaccine clinical trials». Frontiers in Public Health.
  9. Pierpont, T. M. et al. (2018). «Past, Present, and Future of Rituximab». Frontiers in Oncology.

Instituciones y museos

  1. Asamblea Nobel (2023). Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2023. nobelprize.org
  2. Institut Pasteur (2021). «Discovery of messenger RNA in 1961».
  3. NIH (2020). «NIH clinical trial of investigational vaccine for COVID-19 begins».
  4. Science Museum (2022). «Marking two years since Margaret Keenan and May Parsons made history».
  5. Smithsonian, National Museum of American History. «Monoclonal Antibodies».

Empresas y prensa especializada

  1. Merck y Moderna (19/08/2026) y Moderna (21/09/2026). Notas de prensa.
  2. Yu, T. (2021). Bostonia, Universidad de Boston. Grove, J. (2023). Times Higher Education. Zahneis, M. (2023). Chronicle of Higher Education.
  3. Gutman, A. (2023). The Philadelphia Inquirer (regalías de Penn).
  4. Branswell, H. (2025). STAT. Pecci, A. (2026). BioPharma Dive. Incorvaia, D. (2026). Fierce Biotech.
  5. Our World in Data (2022). Vacunación contra la COVID-19 por nivel de renta de los países, citado en CNBC (02/02/2022).
  6. Memorial Sloan Kettering (2026). Vacuna de ARNm contra el cáncer de páncreas.
  7. Long, G. V. et al. (2026). INTerpath-001, LBA1, Simposio Presidencial del congreso ESMO (Madrid). Resumen en CancerNetwork (24/10/2026): https://www.cancernetwork.com/view/interpath-001-data-detail-survival-subgroup-and-safety-findings-in-melanoma · EMJ (24/10/2026): https://www.emjreviews.com/oncology/news/new-personalised-mrna-therapy-improves-melanoma-outcomes-esmo-2026/
  8. AJMC (22/10/2026). «Merck, Moderna Cancer Vaccine Cuts Melanoma Recurrence Risk by 42%» (incluye la valoración de RBC Capital Markets). https://www.ajmc.com/view/merck-moderna-cancer-vaccine-cuts-melanoma-recurrence-risk-by-42-

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